Entras por el andén de carga al fondo de un callejón junto a Clarence Street, bajas unas escaleras, y hay ochocientos whiskies en una pared. Sin reservación, sin lista en la puerta, sin comida más allá de los pretzels de cortesía. Si estás dispuesto a hacer fila siempre entras, que es un trato más justo que el de casi cualquier bar.
POR QUÉ VALE LA PENA
1Más de ochocientos whiskies, y un cuarto escondido en la bodega para lo que no está en la pared.
2Sin reservación y sin lista. Haces fila y entras, siempre.
3El primer bar de sótano de Sydney. Todo lo demás del centro vino después.